El despertador sonaba. Lo escuchaba colándose en mi sueño, hasta que la realidad se impuso y abrí los ojos. Apagalo, murmuró ella. Saqué el brazo por debajo de las sábanas y golpeé la tecla superior del reloj. El sonido cesó. Paz. Roté hasta quedar sobre mi espalda. Buenos días, giré la cabeza, luego todo el cuerpo. A mis ojos, siempre había sido la mujer más interesante y hermosa de mi vida. Le limpié las lagañas suavemente y me incliné para besarla. Ella acarició mis brazos y espalda y sentí un cosquilleo en todo el cuerpo. Puse mi mano sobre su panza y la besé, ya empezaba a notarse el bulto. Dejé la cabeza apoyada ahí, rodeándola con mis brazos, esperando sentir a esa criatura, aunque sabía que aún era pronto.
El reloj suena, yo me pongo de pie y me dirijo a la ducha. Ella se queda unos minutos más, remoloneando. Se levanta a preparar nuestros desayunos y cuando salgo de bañarme, despierta al pequeño Tobías. Él puede ir solo al baño, pero prefiere que su madre lo lleve en alzas, él se aferra a ella, como si fuera todo en el mundo, e inspira su olor.
Los tres comemos, contándonos lo que esperamos del día. Reímos y nos miramos con amor. Me cuesta, pero me pongo de pie para prepararme. Tobías y yo juntamos los restos del desayuno y nos vamos a nuestras habitaciones, mientras ella lava la vajilla. Opto por un pantalón de jean y una camisa a cuadros. Tobías entra para que le acomode el uniforme y pido su aprobación con mi vestimenta. Levanta su pequeño pulgar y se marcha nuevamente, en busca de su mochila de Batman. Ella nos espera junto a la puerta. Tobías corre hasta allí y la abraza, ella le acaricia la cabeza y le da un beso en su frente. Lo peina con los dedos, pero en cuanto su madre voltea hacia mi, él sacude la cabeza. Es mi turno de despedirme. Nos besamos y murmuro que la quiero. Sonreímos. Quisiera quedarme en casa, pero no puedo. Llevaré a Tobías a la escuela, donde aprenderá y jugará con sus amigos, iré a enseñar español en un secundario y en un centro de idiomas; ella se bañará, se alistará e irá a la oficina de la editorial en la que trabaja, hoy tiene clases en la universidad después del trabajo, por lo tanto, seré yo quien retire a Tobías al terminar su doble turno, él hará los deberes mientras preparo la cena: cerdo con una suave salsa a base de mostaza y vino blanco; ella llegará a casa, cansada, hambrienta y contenta, seguramente tenga alguna anécdota para contar, o nos enseñe algo de lo que haya aprendido ese día, comeremos, sin mirar televisión, Tobías irá a su cuarto, a jugar en la pc, nosotros nos sentaremos a ver un capítulo de nuestra serie favorita, ella acostará a nuestro hijo, tal vez le lea un cuento, tal vez me una a ellos después de terminar de acomodar en la cocina; Tobías se dormirá, nosotros tomaremos un vaso de licor sentados en el sillón, corrigiendo papeles, escribiendo notas, será la hora de descansar, en la cama, hablaremos, reiremos, tendré que taparle la boca con dulzura para que su risa no despierte a Tobías, tocarla me hará desearla, la besaré, lenta y prolongadamente, la intensidad aumentará, me demoraré jugando con ella hasta que no resistamos más y cojamos. Quisiera quedarme en casa, pero no puedo. Vuelvo a besarla y me despido, esperando y fantaseando con el reencuentro de esa noche.
¿Te dormiste?, su voz me sacó de mis ensoñaciones. Seguía abrazado a la panza, ella me acariciaba la cabeza. Me incorporé para verla. Me sonrió. No, volví a besarla. No me detuve en su boca, seguí a lo largo de su torso hasta su entrepierna. La escuché gemir. Los roles se invirtieron y fue ella quien terminó encima mío. Voy a bañarme primero, así descansás diez minutos más. Treinta. Tardás mucho, se estiró ocupando toda la cama y tapó su cuerpo con la sábana, Te amo.
Recordé la primera vez que me lo dijo, recordé todo lo que tuvimos que pasar para estar junto y valoré esas palabras el doble, el triple de lo usual. Ella era todo lo que había deseado, por lo que había luchado, desafiando al mundo entero. Me completaba, me hacía feliz y yo a ella. ¿Qué importaba que fuera mi hermana? No me arrepentía de nada.