miércoles, 9 de diciembre de 2015

Sin arrepentimientos

El despertador sonaba. Lo escuchaba colándose en mi sueño, hasta que la realidad se impuso y abrí los ojos. Apagalo, murmuró ella. Saqué el brazo por debajo de las sábanas y golpeé la tecla superior del reloj. El sonido cesó. Paz. Roté hasta quedar sobre mi espalda. Buenos días, giré la cabeza, luego todo el cuerpo. A mis ojos, siempre había sido la mujer más interesante y hermosa de mi vida. Le limpié las lagañas suavemente y me incliné para besarla. Ella acarició mis brazos y espalda y sentí un cosquilleo en todo el cuerpo. Puse mi mano sobre su panza y la besé, ya empezaba a notarse el bulto. Dejé la cabeza apoyada ahí, rodeándola con mis brazos, esperando sentir a esa criatura, aunque sabía que aún era pronto.

El reloj suena, yo me pongo de pie y me dirijo a la ducha. Ella se queda unos minutos más, remoloneando. Se levanta a preparar nuestros desayunos y cuando salgo de bañarme, despierta al pequeño Tobías. Él puede ir solo al baño, pero prefiere que su madre lo lleve en alzas, él se aferra a ella, como si fuera todo en el mundo, e inspira su olor.
Los tres comemos, contándonos lo que esperamos del día. Reímos y nos miramos con amor. Me cuesta, pero me pongo de pie para prepararme. Tobías y yo juntamos los restos del desayuno y nos vamos a nuestras habitaciones, mientras ella lava la vajilla. Opto por un pantalón de jean y una camisa a cuadros. Tobías entra para que le acomode el uniforme y pido su aprobación con mi vestimenta. Levanta su pequeño pulgar y se marcha nuevamente, en busca de su mochila de Batman. Ella nos espera junto a la puerta. Tobías corre hasta allí y la abraza, ella le acaricia la cabeza y le da un beso en su frente. Lo peina con los dedos, pero en cuanto su madre voltea hacia mi, él sacude la cabeza. Es mi turno de despedirme. Nos besamos y murmuro que la quiero. Sonreímos. Quisiera quedarme en casa, pero no puedo. Llevaré a Tobías a la escuela, donde aprenderá y jugará con sus amigos, iré a enseñar español en un secundario y en un centro de idiomas; ella se bañará, se alistará e irá a la oficina de la editorial en la que trabaja, hoy tiene clases en la universidad después del trabajo, por lo tanto, seré yo quien retire a Tobías al terminar su doble turno, él hará los deberes mientras preparo la cena: cerdo con una suave salsa a base de mostaza y vino blanco; ella llegará a casa, cansada, hambrienta y contenta, seguramente tenga alguna anécdota para contar, o nos enseñe algo de lo que haya aprendido ese día, comeremos, sin mirar televisión, Tobías irá a su cuarto, a jugar en la pc, nosotros nos sentaremos a ver un capítulo de nuestra serie favorita, ella acostará a nuestro hijo, tal vez le lea un cuento, tal vez me una a ellos después de terminar de acomodar en la cocina; Tobías se dormirá, nosotros tomaremos un vaso de licor sentados en el sillón, corrigiendo papeles, escribiendo notas, será la hora de descansar, en la cama, hablaremos, reiremos, tendré que taparle la boca con dulzura para que su risa no despierte a Tobías, tocarla me hará desearla, la besaré, lenta y prolongadamente, la intensidad aumentará, me demoraré jugando con ella hasta que no resistamos más y cojamos. Quisiera quedarme en casa, pero no puedo. Vuelvo a besarla y me despido, esperando y fantaseando con el reencuentro de esa noche.

¿Te dormiste?, su voz me sacó de mis ensoñaciones. Seguía abrazado a la panza, ella me acariciaba la cabeza. Me incorporé para verla. Me sonrió. No, volví a besarla. No me detuve en su boca, seguí a lo largo de su torso hasta su entrepierna. La escuché gemir. Los roles se invirtieron y fue ella quien terminó encima mío. Voy a bañarme primero, así descansás diez minutos más. Treinta. Tardás mucho, se estiró ocupando toda la cama y tapó su cuerpo con la sábana, Te amo.
Recordé la primera vez que me lo dijo, recordé todo lo que tuvimos que pasar para estar junto y valoré esas palabras el doble, el triple de lo usual. Ella era todo lo que había deseado, por lo que había luchado, desafiando al mundo entero. Me completaba, me hacía feliz y yo a ella. ¿Qué importaba que fuera mi hermana? No me arrepentía de nada.

martes, 21 de octubre de 2014

Days of future past

Se van prendiendo las luces y mientras corren los títulos, me estiro en el asiento, me inclino hacia delante y espero la escena extra. Hay quienes se van, pero no los de mi fila. La pareja comenta la película. Sí, estuvo buena, dice ella y toma un sorbo de coca-cola. El hombre de adelante se pone de pie y comienza a abrigarse, su cuerpo estorba mi campo visual. ¿Y si ahora sale la escena y este tipo está ahí, en el medio? Seguro que no se sienta y yo no me puedo inclinar hacia ninguno de los lados porque hay gente. Hola, qué tal, permiso, eh, y le pongo la cabeza a la altura del pecho para ver, ¿te tapo? Al menos les preguntaría eso. ¿Me paro y me voy al pasillo? ¿Espero? ¿Cuánto tiempo más puede tardar?
Me reclino en mi asiento y mi oreja izquierda capta un sonido, una voz que forma palabras, que habla bajo y está cerca, muy cerca. Volteo la cabeza y el chico de al lado me está mirando. Disculpá, ¿qué? Se hacen esperar, ¿no? Me habló. El extraño de al lado me habló. Y no es para saber la hora, o el tiempo o si acá para el colectivo, su pregunta es una referencia a la película, una referencia al conocimiento que ambos – bah, y que todos los que nos estamos quedando, supongo – compartimos. Él sabe que yo sé y entonces me habló. Sí, un poco. ¿Le sonreí o le puse cara de orto? De pronto, los nombres de todas las personas que trabajaron en el film se me hacen de lo más interesantes, me leo hasta los de los contadores, pero tengo que esperar a que lleguen a la parte superior de la pantalla, porque el de adelante sigue parado, charlando. El hombre a mi lado pasa el brazo por arriba de los hombros de su pareja y le dice algo al oído. ¿Vos leés mucho, no? Calor, siento calor. ¿Por qué me sigue hablando? Digo, porque te vi cuando llegaste, con el libro. Ok, sí, estoy sudando, ¿cómo son los ataques de pánico? Mi viejo tiene razón, yo debería hacer terapia, no es para que me altere así porque me habla con fulano en el cine, ni que me estuviera pidiendo el teléfono, o el facebook o algo para contactarnos, que no va a pasar, igual. Mirá que le voy a pasar algún dato, estamos en el cine, pero esto no es una película, no jodamos. No es “chico conoce a chica y AMOR”, bien podría ser “chico conoce a chica y MUERTE. PSICOSIS. OBSESIÓN. VENTA DE ÓRGANOS”... parezco mi vieja. Debería decirle que no, que no leo, así corto con toda la charla. Sí, un poco. Lo miro. Este chico no podría matar a nadie, todo flaco y desgarbado, parece que nunca tomó sol y que los pelos no se enteraron que ya había pasado por la pubertad. No sé por qué estoy pensando todo esto, solo me preguntó por la película, hay gente que es así, que habla con cualquiera, mi abuela es así, y no diría que es una psicópata o que se quiere levantar a todo viejo que se cruza en el supermercado. Se va, el de adelante pide permiso y sale, seguido de una señora. Entre tanta música, me llega el sonido de su voz. Habla, pero no le entiendo. ¿Qué? Blablablabla de los Vengadores, leelo, es bueno. No me gustan, le tiro esa, lo descoloco y se va a quedar callado, Ah, no leí nada de ellos. Es muy bueno. Estábamos tan bien, vos en tu butaca, yo en la mía, sin pelear por el apoya brazos, ni molestarnos con el sonido de un envoltorio de caramelos, de la bolsa de pochoclos o el que hacés cuando aspiras por la pajita y no hay más gaseosa, y tuviste que hablar, y yo ahora estoy sudando, siento la panza alterada y creo que si aflojo las manos me van a empezar a temblar, ¿tan largos son estos títulos? A la chica de al lado se le caen los pochoclos. Esta para mi fue la mejor, me dice. Y tengo ganas de decirle que sí, que estuvo muy buena, que hablemos de los personajes, de cómo se relacionan entre sí, de los diseños y los guiños a los seguidores, hablemos del final y cómo se unen las otras películas de la saga a ésta, del viaje en el tiempo. Sí, estuvo buena, igual la anterior también me gustó mucho. Ah, sí, es cierto. La más floja es la tercera. Totalmente, es horrible. Haberle dicho eso fue señalar una obviedad, ¿qué más le voy a decir? “El Profesor X está en silla de ruedas”, sí, LO VIMOS. Arranca la escena extra. Guardamos silencio. Dura menos de un minuto.

Está sentado y no se levanta. Los de al lado están juntando las cosas. ¿Qué hago? ¿Me levanto y me voy? ¿Tiene algo más para decir? Creo que estaba por comentar algo cuando empezó la escena. Me pongo el abrigo y no lo miro. ¿Y si me habla de nuevo? ¿Y si me sigue y salimos del cine hablando y llegamos hasta la calle, él buscando conversación, yo sudando? No, yo me voy. Ahora. Me cuelgo el morral, me levanto, él corre los pies. Chau, hasta luego, ¿hasta luego? Hasta luego le decís a alguien porque después lo volvés a ver, a este pibe no lo vas a ver más. Chau, suerte. Salgo de la sala caminando rápido, tal vez, demasiado rápido. Recién cuando estoy afuera, y me mezclo entre la gente, me calmo.