Se
van prendiendo las luces y mientras corren los títulos, me estiro en
el asiento, me inclino hacia delante y espero la escena extra. Hay
quienes se van, pero no los de mi fila. La pareja comenta la
película. Sí, estuvo buena, dice ella y toma un sorbo de coca-cola.
El hombre de adelante se pone de pie y comienza a abrigarse, su
cuerpo estorba mi campo visual. ¿Y si ahora sale la escena y este
tipo está ahí, en el medio? Seguro que no se sienta y yo no me
puedo inclinar hacia ninguno de los lados porque hay gente. Hola, qué
tal, permiso, eh, y le pongo la cabeza a la altura del pecho para
ver, ¿te tapo? Al menos les preguntaría eso. ¿Me paro y me voy al
pasillo? ¿Espero? ¿Cuánto tiempo más puede tardar?
Me
reclino en mi asiento y mi oreja izquierda capta un sonido, una voz
que forma palabras, que habla bajo y está cerca, muy cerca. Volteo
la cabeza y el chico de al lado me está mirando. Disculpá, ¿qué?
Se hacen esperar, ¿no? Me habló. El extraño de al lado me habló.
Y no es para saber la hora, o el tiempo o si acá para el colectivo,
su pregunta es una referencia a la película, una referencia al
conocimiento que ambos – bah, y que todos los que nos estamos
quedando, supongo – compartimos. Él sabe que yo sé y entonces me
habló. Sí, un poco. ¿Le sonreí o le puse cara de orto? De
pronto, los nombres de todas las personas que trabajaron en el film
se me hacen de lo más interesantes, me leo hasta los de los
contadores, pero tengo que esperar a que lleguen a la parte superior
de la pantalla, porque el de adelante sigue parado, charlando. El
hombre a mi lado pasa el brazo por arriba de los hombros de su pareja
y le dice algo al oído. ¿Vos leés mucho, no? Calor, siento calor.
¿Por qué me sigue hablando? Digo, porque te vi cuando llegaste,
con el libro. Ok, sí, estoy sudando, ¿cómo son los ataques de
pánico? Mi viejo tiene razón, yo debería hacer terapia, no es para
que me altere así porque me habla con fulano en el cine, ni que me
estuviera pidiendo el teléfono, o el facebook o algo para
contactarnos, que no va a pasar, igual. Mirá que le voy a pasar
algún dato, estamos en el cine, pero esto no es una película, no
jodamos. No es “chico conoce a chica y AMOR”, bien podría ser
“chico conoce a chica y MUERTE. PSICOSIS. OBSESIÓN. VENTA DE
ÓRGANOS”... parezco mi vieja. Debería decirle que no, que no leo,
así corto con toda la charla. Sí, un poco. Lo miro. Este chico no
podría matar a nadie, todo flaco y desgarbado, parece que nunca tomó
sol y que los pelos no se enteraron que ya había pasado por la
pubertad. No sé por qué estoy pensando todo esto, solo me preguntó
por la película, hay gente que es así, que habla con cualquiera, mi
abuela es así, y no diría que es una psicópata o que se quiere
levantar a todo viejo que se cruza en el supermercado. Se va, el de
adelante pide permiso y sale, seguido de una señora. Entre tanta
música, me llega el sonido de su voz. Habla, pero no le entiendo.
¿Qué? Blablablabla de los Vengadores, leelo, es bueno. No me
gustan, le tiro esa, lo descoloco y se va a quedar callado, Ah, no
leí nada de ellos. Es muy bueno. Estábamos tan bien, vos en tu
butaca, yo en la mía, sin pelear por el apoya brazos, ni molestarnos
con el sonido de un envoltorio de caramelos, de la bolsa de pochoclos
o el que hacés cuando aspiras por la pajita y no hay más gaseosa, y
tuviste que hablar, y yo ahora estoy sudando, siento la panza
alterada y creo que si aflojo las manos me van a empezar a temblar,
¿tan largos son estos títulos? A la chica de al lado se le caen los
pochoclos. Esta para mi fue la mejor, me dice. Y tengo ganas de
decirle que sí, que estuvo muy buena, que hablemos de los
personajes, de cómo se relacionan entre sí, de los diseños y los
guiños a los seguidores, hablemos del final y cómo se unen las
otras películas de la saga a ésta, del viaje en el tiempo. Sí,
estuvo buena, igual la anterior también me gustó mucho. Ah, sí, es
cierto. La más floja es la tercera. Totalmente, es horrible. Haberle
dicho eso fue señalar una obviedad, ¿qué más le voy a decir? “El
Profesor X está en silla de ruedas”, sí, LO VIMOS. Arranca la
escena extra. Guardamos silencio. Dura menos de un minuto.
Está
sentado y no se levanta. Los de al lado están juntando las cosas.
¿Qué hago? ¿Me levanto y me voy? ¿Tiene algo más para decir?
Creo que estaba por comentar algo cuando empezó la escena. Me pongo
el abrigo y no lo miro. ¿Y si me habla de nuevo? ¿Y si me sigue y
salimos del cine hablando y llegamos hasta la calle, él buscando
conversación, yo sudando? No, yo me voy. Ahora. Me cuelgo el morral,
me levanto, él corre los pies. Chau, hasta luego, ¿hasta luego?
Hasta luego le decís a alguien porque después lo volvés a ver, a
este pibe no lo vas a ver más. Chau, suerte. Salgo de la sala
caminando rápido, tal vez, demasiado rápido. Recién cuando estoy
afuera, y me mezclo entre la gente, me calmo.