martes, 21 de octubre de 2014

Days of future past

Se van prendiendo las luces y mientras corren los títulos, me estiro en el asiento, me inclino hacia delante y espero la escena extra. Hay quienes se van, pero no los de mi fila. La pareja comenta la película. Sí, estuvo buena, dice ella y toma un sorbo de coca-cola. El hombre de adelante se pone de pie y comienza a abrigarse, su cuerpo estorba mi campo visual. ¿Y si ahora sale la escena y este tipo está ahí, en el medio? Seguro que no se sienta y yo no me puedo inclinar hacia ninguno de los lados porque hay gente. Hola, qué tal, permiso, eh, y le pongo la cabeza a la altura del pecho para ver, ¿te tapo? Al menos les preguntaría eso. ¿Me paro y me voy al pasillo? ¿Espero? ¿Cuánto tiempo más puede tardar?
Me reclino en mi asiento y mi oreja izquierda capta un sonido, una voz que forma palabras, que habla bajo y está cerca, muy cerca. Volteo la cabeza y el chico de al lado me está mirando. Disculpá, ¿qué? Se hacen esperar, ¿no? Me habló. El extraño de al lado me habló. Y no es para saber la hora, o el tiempo o si acá para el colectivo, su pregunta es una referencia a la película, una referencia al conocimiento que ambos – bah, y que todos los que nos estamos quedando, supongo – compartimos. Él sabe que yo sé y entonces me habló. Sí, un poco. ¿Le sonreí o le puse cara de orto? De pronto, los nombres de todas las personas que trabajaron en el film se me hacen de lo más interesantes, me leo hasta los de los contadores, pero tengo que esperar a que lleguen a la parte superior de la pantalla, porque el de adelante sigue parado, charlando. El hombre a mi lado pasa el brazo por arriba de los hombros de su pareja y le dice algo al oído. ¿Vos leés mucho, no? Calor, siento calor. ¿Por qué me sigue hablando? Digo, porque te vi cuando llegaste, con el libro. Ok, sí, estoy sudando, ¿cómo son los ataques de pánico? Mi viejo tiene razón, yo debería hacer terapia, no es para que me altere así porque me habla con fulano en el cine, ni que me estuviera pidiendo el teléfono, o el facebook o algo para contactarnos, que no va a pasar, igual. Mirá que le voy a pasar algún dato, estamos en el cine, pero esto no es una película, no jodamos. No es “chico conoce a chica y AMOR”, bien podría ser “chico conoce a chica y MUERTE. PSICOSIS. OBSESIÓN. VENTA DE ÓRGANOS”... parezco mi vieja. Debería decirle que no, que no leo, así corto con toda la charla. Sí, un poco. Lo miro. Este chico no podría matar a nadie, todo flaco y desgarbado, parece que nunca tomó sol y que los pelos no se enteraron que ya había pasado por la pubertad. No sé por qué estoy pensando todo esto, solo me preguntó por la película, hay gente que es así, que habla con cualquiera, mi abuela es así, y no diría que es una psicópata o que se quiere levantar a todo viejo que se cruza en el supermercado. Se va, el de adelante pide permiso y sale, seguido de una señora. Entre tanta música, me llega el sonido de su voz. Habla, pero no le entiendo. ¿Qué? Blablablabla de los Vengadores, leelo, es bueno. No me gustan, le tiro esa, lo descoloco y se va a quedar callado, Ah, no leí nada de ellos. Es muy bueno. Estábamos tan bien, vos en tu butaca, yo en la mía, sin pelear por el apoya brazos, ni molestarnos con el sonido de un envoltorio de caramelos, de la bolsa de pochoclos o el que hacés cuando aspiras por la pajita y no hay más gaseosa, y tuviste que hablar, y yo ahora estoy sudando, siento la panza alterada y creo que si aflojo las manos me van a empezar a temblar, ¿tan largos son estos títulos? A la chica de al lado se le caen los pochoclos. Esta para mi fue la mejor, me dice. Y tengo ganas de decirle que sí, que estuvo muy buena, que hablemos de los personajes, de cómo se relacionan entre sí, de los diseños y los guiños a los seguidores, hablemos del final y cómo se unen las otras películas de la saga a ésta, del viaje en el tiempo. Sí, estuvo buena, igual la anterior también me gustó mucho. Ah, sí, es cierto. La más floja es la tercera. Totalmente, es horrible. Haberle dicho eso fue señalar una obviedad, ¿qué más le voy a decir? “El Profesor X está en silla de ruedas”, sí, LO VIMOS. Arranca la escena extra. Guardamos silencio. Dura menos de un minuto.

Está sentado y no se levanta. Los de al lado están juntando las cosas. ¿Qué hago? ¿Me levanto y me voy? ¿Tiene algo más para decir? Creo que estaba por comentar algo cuando empezó la escena. Me pongo el abrigo y no lo miro. ¿Y si me habla de nuevo? ¿Y si me sigue y salimos del cine hablando y llegamos hasta la calle, él buscando conversación, yo sudando? No, yo me voy. Ahora. Me cuelgo el morral, me levanto, él corre los pies. Chau, hasta luego, ¿hasta luego? Hasta luego le decís a alguien porque después lo volvés a ver, a este pibe no lo vas a ver más. Chau, suerte. Salgo de la sala caminando rápido, tal vez, demasiado rápido. Recién cuando estoy afuera, y me mezclo entre la gente, me calmo.